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jueves, 17 de octubre de 2024

Luna de Quirón

Llega el rumor in crescendo. Dentro de la casa se escucha la música de fuera, las lunas de octubre ponen contento al pueblo y hacen fiestas que duran días enteros hasta que el cazador vuelve con la presa. 

Delia viene una vez por semana, mientras sacude muebles, cambia cortinas, aspira alfombras, abre las ventanas; habla tanto. A penas puedo seguir las historias que van de una a otra y se mezclan en protagonistas, sabores, frases, aromas y colores. Me gusta su algarabía por breves ratos. Luego dejo de escucharla.

En una ocasión me preguntó si nunca había salido de allí. Claro que sí, le respondí. No me creyó, lo que ella ve en mi asombro es nostalgia.

Hay un espacio en la casa parecido a los juegos de espejos, ahí los sonidos se reflejan y prolongan infinitos cóncavos y convexos. En esa lugar hay un ave, si me acerco vuela, por eso voy descalza y muy despacio, no atravieso la puerta, me siento lentamente sobre la duela del pasillo, a ella sí puedo escucharla atenta por largos tiempos, todos superpuestos. Cuando duermo y sobresaltada despierto me parece que veo su aleteo desde la venta ¿Será que se queda en la cornisa porque teme que me asuste?

Hace unos minutos un llamado a la puerta, Delia no viene hoy. Dejé la luz prendida y en silencio agucé el oído, toc toc... toc toc... toc toc... en el pecho... un Silbido, quizá el viento sopla sobre la espalda baja y sube escalera arriba de las costillas al centro...cae una gota en el centro de un lago calmo y se expanden las ondas a la orilla vibrante, circunferencias, humo de palo santo a contra luz toca y se enreda en las piernas. Tocan a la puerta.

No me muevo, observo mis manos, transpiro, tengo calor y luego frío, me hormiguean los brazos, me falta el aire, mis pies se acalambran, sigo inmóvil...tocan las cuerdas, se escapa un tosudo susurro, abre, no, abre, no...ssshh ya se ha ido...

Sentada sobre la cama miro la ventana, otra luna de octubre. Miro directamente a los ojos de Quirón que me mira también, es la primera vez que puedo sostenerle la mirada, es la primera vez que dejo que me vea desde el exterior... Tal vez un día no sea Delia quien me cuente sus historias, tal vez un día el rumor sea legible y la música guíe mi baile, tal vez un día me deje entrar, tomar su mano del otro lado de su puerta que a veces vuelvo a tocar


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