Salir de la cama ya es bastante... Ok, esto va mejorando. Un nuevo plan de acción... Pasan días y la pijama ya no es el atuendo 24/7. Otros dan ganas de tomar el sol, de bañarse...
Salir de la puerta está bien, a veces a alguna diligencia rápida y volver a la seguridad de la habitación a media luz, con mis inciensos, velas, fotos, libros, con la música a nivel del mar...
Pasan los días... Un pie tras otro sobre el pavimento del camellón de la avenida principal, respirar me cuesta pero ahí voy, con el crío por delante diciendo dale a tu ritmo, me distraigo con los perros y sus correas, en las bolsas de heces que los dueños cargan en la otra mano, pienso en las mascotas privilegiadas dentro de sus casas, en otra vida quiero ser un perro Fifi...me falta el aire, reviso los latidos... Por Dios, Vero! Si vas casi caminando...23 años fumando me dicen que estoy a punto de la asfixia...
Esto nunca es lineal, nada lo es. Otros, ya los menos, son de vuelta a la oscuridad y el silencio, a los cinco minutos más que se vuelven horas, a las lágrimas, el dolor físico y el que se clava en el centro....
Diría mi abuela, el horno no está para bollos, un pantalón deportivo, la playera negra, tenis... Eso no es pijama, se parece y la piel lo acepta.
Soy de esas mujeres que pocas veces se fija en las marcas de la ropa y accesorios, dije pocas veces. Mi debilidad son las botas, desde que tengo memoria de elección en calzado las preferí, pienso que todos tenemos elementos cargados de sentidos propios...a mí me siguieron vagancia, ¿a dónde vamos? me preguntan los pies. Algunas mujeres saben correr con tacones como la protagonista de Jurassic world, miraba la pantalla en el cine preguntándome cómo demonios podía ser más hábil que un montón de dinosaurios ¡En tacones! En botas como Mila Jovovich¡Siempre!
A mis 17 años Javier llegaba a la librería y desde la entrada gritaba, hace como diez centímetros que no te veía, decía qu me mantenían de pie, yo era super delgada. Me molestaba cada que llegaba con un nuevo modelo en colores, formas y tacones raros. Yo amaba andar por la vida desapercibida mientras mis pies extravagantes con sus zapatos preguntaban ¿A dónde vamos?
Después de un día normal, decidimos (¿Qué nombre utilizaré para nombrarlo? Por ahora digamos Pepe) salir al cine. Ponte tus botas, dijo. Y quizá notó mi mirada. Anda como quieras, agregó. Yo sabía que él jamás iría al centro comercial en tenis, y yo tan desaliñada siempre. Pero jamás dictaría mi mode de andar por la vida. Yo amaba sentirme libre a su lado. Mi sonrisa delataba esa sensación de complicidad con mis pies. En la habitación mientras me calzaba un recuerdo me molestó: Por favor, amarra bien esos ojales que tanto ruido hacen cuando caminas, todo el mundo está mirando, ¿no tenías nada mejor que ponerte? Bueno, ya ni modos, vamos tarde. ¿Otra vez ese ruido de tus botas? No te pongas eso te ves muy...ya sabes. Te están mirando... No hagas ruido... amarré las agujetas hasta el último broche metálico. Mientas caminaba pregunté a Pepe si no le molestaba el ruido y di una explicación balbuceante entre disculpa y vergüenza, dijo no, las mías también hacen ese sonido.
Estoy en la habitación después de una charla breve y necesaria, me visitaron las luciérnagas y lloré en la ducha, lloré por mis abuelos, por mi padre, por mi hijo, por Pepe; por mis hombres invisibles. En la habitación con la piel húmeda elijo el atuendo de hoy.
No tengo a donde ir, Pepe dejó una moneda en la camilla de masajes sin darse cuenta, no sé si fue en los estiramientos del yoga o los besos, pienso en los peajes del Inframundo, en un montón de coincidencias en diversas culturas sobre el pago con monedas para cruzar al otro lado. Escogí el Suite Jump Amarillo y las botas café, a propósito he dejado no uno sino los tres broches que tintinean mientras mis pies preguntan ¿A dónde? Miro la moneda de una denominación baja en la palma de mi mano y susurro: a vivir lejos del pasado.
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